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Claudia di Girolamo dirige “Plaza pública”,
obra que se exhibe en Sala Negra UV

La destaca actriz nacional Claudia di Girolamo, académica de la Escuela de Teatro UV, es la encargada de dirigir el taller de título, obra para el egreso de la generación 2022, con el montaje “Plaza pública” en la Sala Negra, ubicada en Avenida Brasil 1647, Valparaíso, que se presenta a público general y con entrada liberada, este jueves 18, a las 12 horas; el viernes 19, a las 12 y 19 horas, y el sábado 20 de agosto, a las 19 horas. Inscripciones en extension.teatro@uv.cl

La obra toma como punto de partida el texto “De Ibsen a Genet: la rebelión en el teatro”, de Robert Brustein, donde el autor cita a ocho dramaturgos que rompieron con el paradigma que se producía en relación a los contenidos clásicos de la tragedia griega o Shakespeare.

Según comenta la actriz “autores como Ibsen y Genet instalan el conflicto en personas comunes y corrientes, rompiendo con temas tabú, como el abandono del hogar o el suicidio, poniendo en el centro a mujeres progresistas no se sienten cómodas en un sistema tradicional y que tienen preguntas sin respuestas. Es la rebeldía de autores como Pirandello y Chéjov, entre otros”.

Sobre “Plaza pública” la directora señala que surge “producto de un trabajo largo, de mucho diálogo con los estudiantes, de tener además la percepción exacta de su situación anímica, psicológica y de contenido. Analizamos múltiples trabajos y testimonios, así como también la relevancia del encuentro después de la pandemia y del interés que los inspiró a estudiar este oficio”.

“Pudimos desarrollar un trabajo teórico extenso, de tesis y de improvisación, donde eligieron el texto que querían trabajar. Hice un dramaturgismo que se basa en obras como El enemigo del pueblo de Ibsen y El cumpleaños de Irina, de Chejov, junto con toda la experiencia acumulada en la pandemia, ya que fue muy importante salir de ese estado de paréntesis extraño, de autoexilio, de encierro obligado. La Plaza pública habla de eso, de personajes de distintas obras que no se cononcen y se e encuentran en un cumpleaños de alguien y como la necesidad de interactuar es tan grande, empiezan a reconocerse en una obra que los entrelaza a todos”, añade.

En cuanto al trabajo realizado con los estudiantes asegura sentirse “profundamente agradecida, porque fueron muy generosos, pusieron mucha disposición y desarrollaron una labor muy grande. Fue todo muy fácil porque entendieron que el teatro que me gusta hacer es bastante caótico, no realista y ese lenguaje se fue incorporando en su sensibilidad”.

“Traté de sacudir el lugar donde estuvieron tanto tiempo encerrados, inyectar valentía, riesgo e incomodidad, todo lo que uno siente al actuar y el resultado fue maravilloso. Ese arrojo permitió que el grupo se integrara, generando una profunda interacción. Cada uno tiene su momento de brillo, pero había que hacer brillar toda la obra y fue maravilloso ver la marginalidad que produjimos y cómo ellos alimentan ese lugar”, añade.

Consultada en relación a los aprendizajes que deja el proceso señala que “independiente de la comisión evaluadora o del público que vea la obra, el trabajo del actor no depende, ni es exclusivo para un resultado frente a la gente. La primera persona para la que se actúa es uno, por lo tanto, todo lo que tengo que buscar y encontrar está dentro de mi y de mis compañeros. Nunca les ha hablado del público, ni de la comisión, simplemente construimos en el escenario una historia relevante que tenga que ver con nuestros intereses, que hable de nuestro país y de la sociedad, de nuestros muertos y muertas, de manera muy profunda. No es un panfleto, pero al escuchar los textos de estos grandes autores nos damos cuenta de su contemporaneidad, de lo contingente que son para el tema de género, cómo apelan a la no discriminación, a la igualdad y a la democratización de las leyes, entre otras temáticas”.

En este sentido comenta que trabajar con estudiantes de teatro “no tiene nada de nuevo, porque el teatro es marginal, es provincia donde esté. En Santiago o dónde sean también postulamos a fondos, nos han cerrado lugares de trabajo, la precariedad del oficio sigue existiendo igual y es necesario entenderlo desde el punto de vista de la resistencia, de cómo el teatro siempre vive en el margen. Conceptualmente siempre está apuntando a hablar de nuestra historia reciente, de nuestros dolores, de nuestros males e inseguridades. Nunca me sentí ajena a mi oficio, sino más bien profundamente integrada al teatro, desde que lo conozco, desde chica”.

De forma paralela, Claudia di Girolamo estará presentando la obra “Oleaje”, entre el 25 de agosto y el 11 de septiembre, en Matucana 100, junto a las actrices Francisca Márquez y Constanza Thümler, un texto del dramaturgo Rodrigo Morales que habla sobre la historia de Marta Ugarte, el primer cuerpo que apareció en la playa La Ballena en dictadura.

Al respecto cuenta que “es un monólogo poético que da cuenta de lo que debió pasar Marta Ugarte, una mujer comunista, costurera y profesora, lanzada al mar, siendo el único cuerpo que llegó a la orilla con los ojos abiertos, con el saco donde venía envuelta totalmente desgarrado, como testimonio de las atrocidades que se cometieron en dictadura”.