La consejera regional María Elena Rubilar advirtió sobre los riesgos ambientales y sociales del proyecto que busca aumentar la crianza masiva de pollos y pavos en Los Molles.
La comuna de Quilpué enfrenta un nuevo foco de debate ambiental tras conocerse el proyecto denominado “Modificación, Habilitación y Continuidad productiva Plantel Las Palmas Crianza de Aves”. La iniciativa, actualmente en proceso de obtener Resolución de Calificación Ambiental, contempla la habilitación de pabellones agrupados en ocho sectores para la crianza intensiva de pollos y pavos, además de zonas de acopio y almacenamiento de guano.
El proyecto se emplaza en el sector Los Molles y considera una capacidad diaria cercana a dos millones de pollos y 600 mil pavos, cifra que lo convierte en uno de los planteles avícolas más grandes de la región. El plan incluye procesos asociados a la crianza, retiro de mortalidades, manejo de faenas, transporte de guano y preparación de pabellones productivos.
La consejera regional por la provincia de Marga Marga, María Elena Rubilar, manifestó su inquietud frente a la magnitud de la iniciativa. “Se trata de un proyecto de gran escala que requiere evaluaciones ambientales particularmente rigurosas”, señaló, recordando que comunidades de Villa Alemana y Quilpué han denunciado históricamente episodios de malos olores vinculados a planteles avícolas, afectando directamente la calidad de vida de los habitantes.
Rubilar enfatizó que la evaluación ambiental debe incorporar proyecciones claras sobre el área de influencia de las emisiones odoríferas, con el fin de descartar impactos en comunidades cercanas. Además, advirtió que el emplazamiento se ubica en la zona de transición de la Reserva de la Biósfera La Campana-Peñuelas, lo que exige mayores estándares de protección para el entorno natural.
En el proceso de tramitación, el Consejo Regional emitió un pronunciamiento con observaciones formales, acogiendo la solicitud de oficiar a la Autoridad Sanitaria para revisar el potencial impacto por emisiones de olores. Rubilar reiteró la importancia de contar con antecedentes técnicos suficientes que permitan resguardar tanto a las comunidades como al ecosistema donde se proyecta la iniciativa.
La discusión sobre este proyecto se suma a las preocupaciones ambientales que han marcado la agenda comunal en los últimos años. Para la consejera, el desafío es claro: garantizar que el desarrollo productivo no se traduzca en un deterioro de la calidad de vida ni en un riesgo para la biodiversidad de la zona.
