[COLUMNA DE OPINION] – Chile frente al colapso demográfico: más que cifras, identidad

Chile enfrenta una crisis demográfica que amenaza su continuidad. No basta con cifras ni soluciones de mercado: el verdadero desafío es recuperar la identidad y el deseo de existir como nación.

La baja natalidad no solo amenaza la economía, sino la continuidad de un pueblo que parece haber dejado de querer perpetuarse.

Chile atraviesa una crisis silenciosa que amenaza con ser más devastadora que cualquier turbulencia económica: la implosión demográfica. Axel Kaiser lo ha señalado con claridad en su reciente columna, y conviene detenerse en su diagnóstico. Con menos de un hijo por mujer, nos hemos convertido en uno de los países con menor natalidad del planeta. Si la tendencia se mantiene, el país enfrentará un colapso económico, fiscal y social de proporciones históricas.

El análisis es certero en cuanto a la urgencia. No se trata de un problema lejano, sino de una emergencia que ya golpea las puertas de nuestro sistema previsional, de la salud pública y de la capacidad productiva. Kaiser también acierta al advertir que la inmigración no es la solución mágica. Europa occidental ya vivió ese espejismo: la migración masiva parecía aritméticamente seductora para sostener sistemas de reparto, pero los resultados han sido decepcionantes. Importar mano de obra de baja calificación para tapar un agujero estructural no es política poblacional, sino contabilidad desesperada.

Sin embargo, el liberalismo del que proviene el análisis tropieza en lo decisivo. Kaiser describe el desastre como una falla de servicios: faltarán enfermeras, gásfiter, contribuyentes, innovadores. Todo cierto, pero insuficiente. Late ahí una premisa peligrosa: la nación reducida a plataforma de servicios, el chileno reducido a usuario.

Chile no es solo un proveedor. Cuando la Esmeralda se hundió sin arriar la bandera, no daba lo mismo que fuera esa y no la de Coca-Cola. Cuando Anwandter juró que él y los suyos serían “chilenos honrados y laboriosos como el que más lo fuere”, no se ofrecían como colaboradores de una empresa, se incorporaban a un cuerpo histórico con memoria, lengua, fe y destino.

La reflexión de Irene Dimopoulou en Demos and Polis ilumina el dilema: allá puede caer la polis y sobrevivir el demos. En Chile ocurre lo inverso. Nuestra polis se reinventa cada cierto tiempo, pero ¿tenemos un demos? ¿O somos apenas una amalgama circunstancial de individuos unidos por conveniencias transitorias?

Si somos solo eso, Kaiser tiene razón hasta el final: un país así sería una sociedad anónima iniciando su liquidación. Pero Chile es algo más. El colapso de la natalidad no es solo un problema de mano de obra, sino de un pueblo que ha dejado de querer perpetuarse. Y esas razones no las da el mercado ni las repone la inmigración.

Chile merece algo mejor que deconstruccionistas que niegan la existencia de un pueblo y mercachifles que lo reducen a clientela. Merece seguir existiendo. Para ello, antes que sobrevivir, necesita volver a querer hacerlo. La tarea es dar razones para que Chile vuelva a desear perpetuarse, porque sin ese impulso vital, ninguna política pública será suficiente.

 

René Fuchslocher – Abogado

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