[COLUMNA DE OPINION] – Cuando el buen trato se vuelve excepcional: la violencia que normalizamos en Chile

La violencia en las aulas no es un hecho aislado, sino el reflejo de una sociedad que ha comenzado a normalizar las microagresiones. Chile enfrenta el desafío de recuperar el buen trato como estándar cultural.

La creciente ola de agresiones en espacios educativos refleja un fenómeno más profundo: la naturalización de la violencia en la vida cotidiana y la urgente necesidad de recuperar el buen trato como base de nuestra convivencia.

En Chile, la violencia dejó de ser un hecho aislado para convertirse en un espejo incómodo de nuestra sociedad. Lo que ocurre en las aulas y campus universitarios no es un fenómeno separado de lo que sucede en las calles, en la política o en los medios. Es, más bien, la expresión de una cultura que ha comenzado a tolerar —e incluso validar— las microviolencias como parte del día a día.

La reacción inmediata frente a hechos de violencia en espacios educativos suele ser la gestión de la emergencia: protocolos, contención, seguridad. Acciones necesarias, sin duda, pero insuficientes. Porque el problema no es solo la agresión puntual, sino la normalización de un lenguaje cotidiano que erosiona el respeto y la colaboración. Escuchar, dialogar o discrepar sin descalificar parecen gestos excepcionales, cuando deberían ser la norma.

La psicología social advierte que cuando los espacios de reconocimiento y pertenencia se debilitan, las respuestas defensivas y agresivas aumentan. No porque las personas busquen dañar, sino porque carecen de herramientas para tramitar la diferencia de manera constructiva. Y aquí emerge la pregunta incómoda: ¿por qué nos cuesta tanto el buen trato?

La respuesta no está únicamente en las instituciones educativas. Está en la legitimidad de las instituciones, en la forma en que los líderes políticos y mediáticos instalan el debate, en la manera en que las redes sociales amplifican la descalificación y la polarización. Cuando disentir se vive como amenaza, el diálogo se extingue y la violencia se legitima.

Hoy, las microviolencias —ironías, burlas, descalificaciones sutiles— se integran con naturalidad en la convivencia. Lo que se repite, se normaliza. Y lo que se normaliza, se legitima. Esa es la verdadera alarma social: que el buen trato se perciba como un gesto extraordinario, mientras la agresión se convierte en rutina.

Frente a este escenario, la respuesta país debe ser integral y sostenida. No basta con reaccionar ante cada crisis. Se requiere fortalecer la educación socioemocional desde los primeros niveles, promover pensamiento crítico frente a la información, enseñar habilidades de diálogo y resolución de conflictos, y revalorizar el respeto como estándar cultural. Pero también exige revisar nuestras prácticas cotidianas: cómo hablamos, cómo discrepamos, cómo tratamos al otro incluso cuando no estamos de acuerdo.

La violencia en los espacios educativos es solo un síntoma. El verdadero desafío es preguntarnos qué nos está ocurriendo como sociedad y si estamos dispuestos a que el buen trato deje de ser una excepción para volver a ser la base de nuestra convivencia.

Paola Espina Bocic

Directora del Departamento de Psicología UVM

Daniel Bruna Mosquera

Coordinador Diplomado Estrategias de Intervención en Crisis y Gestión de la Emergencia UVM

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